Indefensión aprendida. ¿Estás sufriendo pero no puedes hacer nada?

Hoy vamos a tratar un tema que afecta a muchas personas y tenemos más cerca de lo que pensamos. Todos hemos sentido alguna vez la sensación de “me rindo”, “esto es superior a mi” o “que pase lo que tenga que pasar”. Cuando estamos en esta situación, desaparecen nuestras ganas de luchar, pensamos que es demasiado complicado, que no merece la pena o que eso no es para nosotros, aunque lo estemos anhelando. Si te has sentido en esta situación, o conoces a alguien que esté pasando por algo así, aquí te explicamos los consejos que te ayudarán a superar este tipo de situaciones, y es que es importante saber que si este tipo de sensación persiste, puede desencadenar una depresión. ¡Comienza el viernes de Coaching!

La indefensión aprendida es un estado psicológico que se manifiesta cuando una persona comienza a sentir que es incapaz de modificar alguna situación, comportamiento o estado mediante sus conductas. Es decir, la persona piensa que su conducta o los actos que lleve a cabo no influyen en el resultado que obtiene. Esto produce en la persona una falta de control sobre todo su entorno, lo que desemboca en evitar situaciones para no enfrentarse a las mismas por esa sensación de falta de control y miedo.

Por desgracia, la violencia familiar, el bullying, el mobbing son ejemplos que nos demuestran que este fenómeno existe en nuestras sociedades y lo tenemos, en ocasiones, muy cerca.

Esto suele ocurrir cuando, de manera reiterada, la persona lleva a cabo acciones que no generan el efecto que desea, causando una frustración e impotencia ante la imposibilidad de llevar a cabo la tarea con el resultado que desea obtener. Y cuando esto se enquista, desencadena e instaura una estructura en nuestra mente de la que es complicado salir. Percibir el entorno como incontrolable lleva a la persona a pensar que “haga lo que haga, nada sale bien”. Y lo que ocurre es que la persona deja de actuar. Opta por no enfrentarse a la situación, aunque se trate de una situación poco adversa, se autolimita, huye, y en definitiva, evita la situación.

Cuando una persona se encuentra en este estado, no basta con decirle “haz esto así” o “lo que tienes que hacer es esto y esto”. La persona está profundamente convencida de que no puede llevar a cabo eso, y aunque le digas cómo hacerlo, su mente no se lo permite. La persona llega a la situación de “pasividad” ante lo que surge en su entorno, y es que, en lugar de intentar salir de esa situación y ayudarse a sí misma, se ha instaurado en ella la indefensión aprendida.

Las consecuencias de esta indefensión aprendida se ven reflejadas en la baja autoestima de la persona, en la falta de motivación, y en los pensamientos negativos y limitantes de los que ya hemos hablado aquí. La persona justifica este estado de indefensión con mensajes como “esto es demasiado complicado para mi”, “no merece la pena tanto esfuerzo”, “por más que lo intento siempre fracaso”, “no estoy preparad@ para esto”, etc.

Para cambiar esto, debemos desaprender. Todo comportamiento que se aprende, se puede desaprender. Y la indefensión aprendida, también. Veamos cómo:

Lo primero que debemos de hacer es eliminar el estigma de víctima. Partiendo de la base de que la persona ha perdido la capacidad de ver las soluciones que otros (que no tienen el problema) pueden ver. Por lo tanto, la ayuda que requiere es la de reafirmarle en su capacidad y en su autoestima. La solución pasa por devolverle a la persona el control de su vida para que sea capaz de tomar las riendas sobre aquello que en su momento veía sin solución.

Como vemos, esto pasa por eliminar de la mente de la persona esa indefensión. Esto proceso es lento, y se requiere aprender otros comportamientos que le ayuden a sentirse capaz, por sí misma, de combatir y cambiar las situaciones aversivas que surjan.

Con este ejemplo lo vas a entender enseguida. Supongamos que acabas de estudiar tu carrera y llevas meses buscando trabajo. Estos meses se alargan y el trabajo no sale. Sigue sin sonar el teléfono y empiezas a desmotivarte, a pensar que está muy complicado, que además la situación actual no es la mejor, que hay mucha gente por delante mejor formada, etc. Aquí ya tenemos la indefensión instaurada. La persona cree que no tiene nada que hacer y deja en manos del destino el encontrar o no trabajo. Aunque en un principio la persona llevó a cabo una búsqueda activa, con motivación y con toda la ilusión, termina abandonando ese estado, olvida ese sentimiento de ganas y de ilusión que tenía y pasa a tener una actitud pasiva, esperando que ocurra algo que cambie su destino por él.

Es aquí donde se deben desarrollar nuevas habilidades que permitan seguir con esa búsqueda. Mejorar la parte de ti que estás ofreciendo, creer en ti y mostrar las ganas e ilusión por trabajar en eso que has estudiado y tanto te gusta. Realizar otra nueva búsqueda, tocar otras puertas, mejorar nuestra expresión corporal y la actitud que mostramos en las entrevistas, etc. Todo menos rendirse y quedarse inactivos. Es importante pensar y generar expectativas positivas sobre el resultado que vamos a conseguir a través de nuestro nuevo comportamiento aprendido. Saber que eres tú quien conseguirá esos cambios a pesar de los esfuerzos y de la lucha (que son imprescindibles y necesarios), y lo más importante, saber que el control está en ti y no en el entorno que te rodea.

Si bien es cierto que en determinadas personas, esta indenfesión aprendida está tan instaurada que se necesita la ayuda de expertos y una terapia cognitivo-conductual. Donde, a través de varias sesiones, el psicólogo ayuda al paciente a restructurar sus pensamientos y emociones, así como las conductas aprendidas que le impiden salir adelante.

Para finalizar, debemos mencionar que la indefensión se puede hacer “viral”. Sí, has leído bien.

La indefensión se puede contagiar a toda una sociedad o a un grupo social. La Segunda Guerra Mundial fue un caso extremo donde se puso de manifiesto toda la crueldad de la que el ser humano es capaz, y los campos de concentración nazis fueron testigo de miles de seres humanos que, habiendo perdido toda esperanza de sobrevivir, prácticamente se entregaron a la muerte.

De nosotros depende empezar a tomar conciencia de ello y luchar no solo por minimizar sus efectos, sino también por combatir sus causas. Y es que esto puede afectarnos a nosotros mismos, y a cualquier persona que tenemos a nuestro alrededor. Si conocemos casos complicados, o nosotros mismos estamos pasando por esta situación y no vemos salida, lo mejor es acudir a un especialista inmediatamente. Todo tiene solución en esta vida.

Escrito por

-Jurista & Fiscalista internaciona. -Autora del libro "De 0 a 100 en la fiscalidad de las criptomonedas".

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