Síndrome del impostor en el trabajo y en la vida. ¿No mereces los elogios que recibes?

Hoy vamos a hablar de sobre este tipo de trastorno psicológico que afecta de lleno al desarrollo personal y profesional de las personas. Vamos a tratarlo desde el punto de vista laboral, para conocer cómo puede lastrar nuestro potencial a la hora de conseguir los éxitos profesionales que todos deseamos conseguir como emprendedores, empresarios o trabajadores por cuenta ajena. ¡Empezamos!

El síndrome del impostor, también llamado síndrome del fraude, es un trastorno psicológico en impide asimilar sus logros a personas que son verdaderamente exitosas en lo que hacen. Se estima que 7 de cada 10 personas han sufrido en algún momento en su vida el síndrome del impostor, desde estrellas la música o del deporte hasta los CEO de cualquier empresa. 

Cuesta creer que una persona con una carrera profesional exitosa, plagada de logros académicos y profesionales, piense que todo se debe a que “ha tenido suerte”. Este tipo de personas, asume que su éxito se debe a factores externos, como la suerte o la baja competencia en su sector, o que el jefe le tiene “en alta estima”.

Es curioso cómo nuestra propia mente puede llegar a crear este tipo de artimañas contra nosotros mismos, a pesar de ser conscientes del esfuerzo, trabajo y sacrificio que en muchas ocasiones cargamos a la espalda para obtener precisamente esa recompensa que nos lleva al éxito y a los elogios merecidos.

Alguna vez en tu puesto de trabajo (especialmente si la competencia es alta), te has preguntado ¿qué hago yo aquí? Este tipo de trastornos causan en las personas que lo sufren una sensación de no estar nunca a la altura, de no ser lo suficientemente buenos, competentes o capaces, y en definitiva, de ser “impostores”, “mentirosos” y “fraudes”.

El Instituto de Tecnología de California lo ha definido como “un conjunto de sentimientos de insuficiencia que persisten incluso ante la información que indica que se trata de todo lo contrario. Se experimenta internamente como una duda crónica de sentimientos de fraude intelectual.”

Los expertos afirman que existen 2 niveles.

  • El primero es leve y temporal, y ocurre cuando nos enfrentamos a un nuevo trabajo, a un nuevo reto, etc. Este es totalmente normal y desaparece con el tiempo, tras “acomodarnos” a ese nuevo lugar.
  • El segundo, que es el grave, es el que empeora con el tiempo. En este nivel, la persona siente con más intensidad que todo su éxito se debe a causas externas relacionadas sobre todo con la suerte.

Según los expertos existen posibles causas que dan origen a este tipo de trastorno, entre ellas:

  • El entorno familiar durante la infancia. Lo de escuchar desde pequeños comparaciones con hermanos, primos, amigos, etc., del tipo “tu hermano/a es el inteligente y tú el/la simpático. O expresiones del tipo “eres la oveja negra de la familia”. El tener presión por sacar buenas notas, el tener muy presente el éxito de tus padres y sentirte en la necesidad de llegar como mínimo a un éxito similar, etc.
  • Diferencias salariales. Sobre todo, ligadas también al rol mujer y hombre en el trabajo. Y es que, la realidad de la mujer en el mundo profesional es también una causa de este síndrome.
  • Percibir el éxito, el fracaso y la competencia en unos niveles sumamente elevados. Por lo general, las personas que sufren este síndrome son muy exigentes consigo mismas y tienen una lista de requisitos casi imposibles de llevar a cabo.

La sensación de sentirse como un impostor ante sus compañeros de trabajo, amigos, clientes, familia, hace que muchas veces estas personas se justifiquen cuando reciben un cumplido por parte de alguien. Y es que su mente está en modo “no merezco que me digas esto, soy un fraude”. Si alguna vez has sentido esto, simplemente debes dar las GRACIAS por ese cumplido, sin excusas y sin justificarte. Gracias y a seguir.

Los síntomas que se experimentan son los siguientes, y posiblemente tú los hayas sentido alguna vez, o conozcas muy de cerca a alguien que los tiene:

El primer síntoma es la dificultad para aceptar elogios. Las personas que padecen este síndrome no se felicitan al recibir premios y conseguir éxitos, por el contrario, tienden a justificarlo no por mérito sino por suerte, o incluso por un error de criterio de su jefe, teniendo dificultades para creer que realmente son merecedores de lo que consiguen. Si tienes el miedo permanente de no estar a la altura, será difícil aprovechar tu potencial, pudiendo dudar sin ninguna razón a la hora de aceptar una evolución positiva en tu carrera. 

El segundo síntoma es el intentar ser el superhéroe de la oficina. Aunque esto parezca incoherente con lo anterior, está relacionado, y es que el “impostor” siente la necesidad de ser el mejor de los mejores para justificar los elogios (según él, no merecidos) que recibe.

El tercer síntoma es el de compararse constantemente con otras personas. Compararse con los demás está bien para superarse a uno mismo, aspirar a conseguir ese mismo logro (incluso superarlo), pero sin pasarse, porque llevar esto al exceso es un hábito insano. Puede derivar en sentimientos negativos como la envidia y la baja autoestima, hasta la depresión. Y es que, utilizar a otra persona como referencia comparativa de ti mismo puede hacer que creas que hay algo en ti que falla, y que tú eres el problema.

Todo esto se basa en la existencia de dudas acerca de la propia habilidad, el miedo al fracaso y el mantenimiento de unas bajas expectativas de resultado, todo ello a pesar de una importante historia de éxitos”. En definitiva, no se creen merecedores de los éxitos que obtienen y les preocupa que los demás puedan descubrir en cualquier momento que no son tan inteligentes como parecen. No les importan los logros que hayan conseguido, ya que pesan más sus importantes dudas acerca de las habilidades que poseen y las achacan a que están continuamente sobreestimadas por los demás. 

A nivel laboral afecta al desarrollo profesional, y mucho. Y es que, frenan en seco su potencial al no correr riesgos ni atreverse a pedir un ascenso o una tarea de mayor responsabilidad por el miedo que les supone el no estar a la altura. Como resultado, pasan gran parte de su carrera profesional desarrollando un trabajo por debajo de su potencial (que crea sentimientos de frustración, aburrimiento, ansiedad, etc).

Por último, llegamos a la parte de las soluciones.

Lo primero y más importante, nadie llega lejos por suerte. Reconoce y celebra tu ÉXITO, que para eso te lo has trabajado. No se trata de ir fardando de cada cosa o mérito que consigues, sino de aceptar y recibir de la manera que se merece la recompensa como resultado a un esfuerzo previo. Reflexiona sobre el camino recorrido, y sobre el logro que has obtenido. Nada ocurre por casualidad.

Otro consejo importante es que te dejes apoyar en los demás. Está bien pedir ayuda y admitir que no sabes determinada cosa. Pedir ayuda y sentir apoyo es necesario ya que aumenta tu confianza respecto a la consecución del objetivo que te has propuesto, o de la tarea que debes hacer ese día en la oficina.

Y por último, siempre, siempre, siempre: Enfócate en tus objetivos. Pon el foco en tus próximas metas y objetivos, y rumbo hacia aquello que es necesario para alcanzarlos. No te compares de manera tóxica con nadie. Ese tipo de comparaciones son injustas contigo mismo y te conviertes así en tu propio enemigo. A nivel laboral, es muy positivo cultivar una relación positiva con tu jefe/s, de forma que puedas hablar abiertamente sobre tus ambiciones y objetivos dentro de la compañía (aunque admitimos que hay jefes con los que esto es sencillamente imposible).

Esperamos que os haya gustado la publicación de hoy de nuestra sección Coaching y os recordamos que uno de nuestros servicios es la formación y el coaching de directivos y de personas que quieran desarrollar sus habilidades (soft skills) y potencial personal. ¡Te estamos esperando para recorrer el camino del éxito junto a ti!

Escrito por

-Jurista & Fiscalista internaciona. -Autora del libro "De 0 a 100 en la fiscalidad de las criptomonedas".

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